Cómo escribir pensamientos, mensajes y recuerdos en una novela
El diálogo tiene reglas claras en español: raya, inciso del narrador, minúscula tras el verbo de habla. Pero una novela no es solo diálogo. El personaje piensa, recibe un mensaje en el móvil, habla por teléfono, recuerda algo de hace veinte años o sueña. Y ahí el escritor duda: ¿comillas o cursiva?, ¿la hora en números o en letras?, ¿cómo se pasa del presente al recuerdo sin que el lector se pierda?
Esta guía separa dos cosas que conviene no mezclar. Unas tienen norma escrita de la Real Academia Española y la Asociación de Academias en el Diccionario panhispánico de dudas (DPD), y ahí lo que se hace es seguirla. Otras son convenciones editoriales sin norma única, y ahí lo que importa es elegir un criterio y mantenerlo en todo el manuscrito.
Los pensamientos del personaje: comillas
Es el caso con la norma más clara. El DPD, en su entrada comillas (apartado 2b), dice que se usan «para encerrar, en las obras literarias de carácter narrativo, los textos que reproducen de forma directa los pensamientos de los personajes». Su ejemplo, de una novela:
«Esto empieza mal», pensó Bastidas malhumorado.
Tres detalles que se repiten en los manuscritos:
- Las comillas recomendadas en texto impreso son las angulares (« »). El DPD aconseja usarlas «en primera instancia» y dejar las inglesas (" ") y las simples (' ') para cuando hay que entrecomillar algo dentro de un texto ya entrecomillado.
- La coma va después de las comillas de cierre, no dentro: «Esto empieza mal», pensó. Lo mismo el punto y el punto y coma.
- Solo el pensamiento reproducido de forma directa lleva comillas. Si el narrador lo cuenta —pensó que aquello empezaba mal—, es estilo indirecto y va sin comillas.
Muchas editoriales publican los pensamientos en cursiva. Es una decisión de estilo de la casa, no lo que dice el DPD, así que, si envías el manuscrito a una editorial, lo prudente es seguir la norma y dejar que sea la editorial la que lo cambie si quiere.
Mensajes de WhatsApp, correos y SMS
En las entradas del DPD que hemos consultado para esta guía (comillas, raya y hora) no hay un apartado dedicado a los mensajes de móvil dentro de una novela. Las soluciones que se ven en las novelas publicadas son tres:
- Párrafo aparte, sangrado, como un documento que el personaje lee. Es la solución más limpia cuando el mensaje es largo o cuando hay un intercambio de varios.
- Cursiva dentro del párrafo, para mensajes cortos: Llego en diez minutos, decía la pantalla.
- Comillas, tratando el mensaje como una cita textual, que es el uso 2a de las comillas en el DPD.
Cualquiera de las tres funciona si es la misma en toda la novela. Lo que delata un manuscrito sin revisar es mezclarlas: un mensaje en cursiva en el capítulo tres y otro entre comillas en el nueve. Y una decisión que ahorra problemas: si reproduces la ortografía descuidada de un mensaje real (q tal, xq), hazlo a propósito y con mesura, porque al lector le llega como ruido si ocupa media página.
Cartas, diarios y documentos largos
Cuando el personaje lee una carta o una página de un diario de varios párrafos, el DPD da dos opciones en la entrada comillas (2c). Si se entrecomilla, «se colocan comillas de cierre al comienzo de cada uno» de los párrafos, salvo el primero, que abre con comillas normales. Pero añade que «lo normal hoy es reproducirlas con sangrado respecto del resto del texto y generalmente en un cuerpo menor», y que en ese caso «ya no son necesarias las comillas». Para una carta dentro de una novela, el sangrado es la solución más legible.
Una llamada de teléfono
Una conversación telefónica es un diálogo y se escribe como tal: con raya, siguiendo las reglas de la entrada raya del DPD (apartado 2.3). La dificultad no es ortográfica, es de punto de vista. Si el narrador está con uno de los dos personajes, lo natural es que el lector oiga solo esa parte y deduzca la otra por las respuestas:
—¿Cómo que no llega? —Marta se apartó del grupo—. ¿Y a qué hora sale el siguiente?
Escuchó un rato largo.
—Vale. Te espero.
Escribir las dos voces obliga a un narrador que lo oye todo, y eso cambia el punto de vista de la escena. Si dudas de cuál estás usando, lo tienes explicado en el punto de vista narrativo.
Recuerdos y flashbacks: el tiempo verbal hace el trabajo
Aquí no hay norma ortográfica: es técnica. El recuerdo no necesita cursiva ni un cambio de letra para que el lector lo entienda; necesita una entrada y una salida claras. La forma clásica en una novela narrada en pasado:
- Entrar con el pluscuamperfecto durante una o dos frases: Aquel verano había llovido sin parar.
- Seguir en indefinido en cuanto el lector está dentro, porque un recuerdo largo entero en pluscuamperfecto (había dicho, había ido, había vuelto) se hace pesado.
- Salir con una marca que devuelva al presente de la historia: un objeto, un sonido, otro personaje que interrumpe.
Si el salto es largo y ocupa una escena entera, lo más sencillo es separarlo con un cambio de escena o de capítulo, y fijar la época en la primera frase. Y si tu novela está narrada en presente, el recuerdo en pasado ya marca solo la diferencia.
Los sueños
Tampoco tienen norma. El error más común no es de formato sino de construcción: empezar un capítulo con una escena que el lector cree real y revelar al final que era un sueño. El lector suele vivirlo como un engaño. Si el sueño importa, que se note desde el principio que lo es; si no importa, probablemente sobra.
La hora y las cifras: mejor en letras
Esto sí tiene norma. El DPD, en la entrada hora (apartado 3b), dice que la hora «se escribe preferentemente con palabras, y no con cifras, en textos de carácter narrativo o discursivo, ya sean literarios, periodísticos o de otra índole, en los que la exactitud horaria no es un factor de especial relevancia». Es decir: a las siete menos cuarto, no a las 18:45. Y en el apartado 3a recomienda no mezclar: las diez de la noche o las 22:00, pero no las 10 de la noche.
La excepción razonable es un mensaje de móvil o un documento que el personaje lee tal cual, donde la hora aparece en cifras porque así la ve.
Palabras en otro idioma
Si un personaje dice una palabra en inglés o en francés sin adaptar, el DPD (comillas, 2d) indica que en textos impresos en letra redonda «es más frecuente y recomendable reproducir los extranjerismos crudos en letra cursiva que entre comillas».
La regla que vale para todo lo que no tiene norma
Haz una lista de tus decisiones mientras escribes —pensamientos entre comillas, mensajes sangrados, horas en letra— y revisa el manuscrito contra ella antes de enviarlo. Es exactamente lo que mira un corrector en la corrección de estilo, y lo que un lector profesional detecta en las primeras páginas. Para el diálogo, que tiene sus propias reglas, tienes la guía de cómo escribir diálogos en una novela.
Preguntas frecuentes
¿Los pensamientos de un personaje van en cursiva o entre comillas?
Según el Diccionario panhispánico de dudas, entre comillas: se usan «para encerrar, en las obras literarias de carácter narrativo, los textos que reproducen de forma directa los pensamientos de los personajes». La cursiva para pensamientos es una opción de estilo de algunas editoriales, no la norma.
¿Cómo se escriben los mensajes de WhatsApp en una novela?
No hay una norma específica en las entradas del DPD que hemos consultado. Las soluciones habituales son el párrafo aparte sangrado, la cursiva para mensajes cortos o las comillas como cita textual. Cualquiera sirve si se usa la misma en toda la novela.
¿La hora se escribe en números o en letras en una novela?
En letras. El DPD recomienda escribir la hora con palabras en los textos narrativos en los que la exactitud horaria no es especialmente relevante: «a las siete menos cuarto», no «a las 18:45».
¿Cómo se escribe un flashback sin que el lector se pierda?
Entrando con una o dos frases en pluscuamperfecto, continuando en pretérito indefinido y saliendo con una marca clara que devuelva al presente de la historia. Si el salto ocupa una escena entera, conviene separarlo con un cambio de escena o de capítulo.
¿Cómo se escribe una carta dentro de una novela?
Lo más legible es el párrafo sangrado, que según el DPD hace innecesarias las comillas. Si se entrecomilla y ocupa varios párrafos, cada párrafo a partir del segundo empieza con comillas de cierre (»).