Cómo escribir una novela histórica: técnica, documentación y errores frecuentes
La novela histórica es uno de los géneros más populares del mercado español y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles de ejecutar bien. Su popularidad es evidente: títulos como La sombra del viento, El médico, Los pilares de la tierra o La catedral del mar han vendido millones de ejemplares. Pero también existe una percepción extendida en el mundo editorial de que el género está saturado de novelas mediocres que ahogan la historia bajo kilos de datos documentales o, en el extremo opuesto, que traicionan la época con anacronismos de personajes y valores.
Esta guía aborda los problemas técnicos concretos que plantea el género: cómo investigar sin convertirte en prisionero de tus fuentes, cómo crear personajes creíbles en épocas distintas a la nuestra, cuánta libertad puedes tomarte con los hechos históricos y cómo evitar los errores que delatan a los escritores noveles.
Qué es exactamente una novela histórica
Puede parecer una pregunta obvia, pero la definición importa. Una novela histórica no es simplemente una novela ambientada en el pasado: es una novela en la que el período histórico es esencial para la historia, no un mero decorado. La diferencia entre un cuadro de fondo pintado y una ambientación histórica real es la diferencia entre una novela que podría suceder en cualquier época y una que solo puede suceder en esa.
El género tiene una tradición larga: Walter Scott es considerado el fundador de la novela histórica moderna con Waverley (1814). En España, la tradición incluye a autores como Benito Pérez Galdós con sus Episodios Nacionales o, más recientemente, Arturo Pérez-Reverte, Almudena Grandes o Ildefonso Falcones, que han llevado el género a audiencias masivas.
Habitualmente se considera que una novela es histórica cuando está ambientada al menos cincuenta años antes de la fecha de escritura. Esto no es una regla fija, pero da idea del distanciamiento temporal necesario para que la reconstrucción de época sea el elemento central del proyecto.
El primer problema: la investigación
La documentación es el trabajo que hace posible la novela histórica, pero también el que mata a muchas de ellas. Hay dos trampas simétricas en las que caen los escritores noveles.
La trampa del subrayado
El escritor se documenta exhaustivamente, lleva meses leyendo fuentes, visita archivos, consulta expertos. Y entonces quiere que todo ese esfuerzo aparezca en el texto. El resultado es una novela que parece un trabajo académico con diálogos insertados: párrafos enteros de datos históricos que detienen la narración, personajes que explican la situación política del siglo XIII a otros personajes que ya la conocen perfectamente, descripciones de ropa, comida y arquitectura que funcionan como catálogos.
Umberto Eco, en el postfacio de El nombre de la rosa, describió con precisión el problema: pasó años investigando la Edad Media antes de empezar a escribir, pero su objetivo era que esa investigación le permitiera inventar libremente, no transcribirla.
La trampa del anacronismo
El extremo opuesto: el escritor que usa la época como telón de fondo decorativo pero no se documenta lo suficiente. Sus personajes medievales tienen valores, pensamientos y lenguaje de personas del siglo XXI. Los anacronismos de mentalidad son los más dañinos: un personaje de 1400 que tiene una relación igualitaria con su esposa, que rechaza la religión desde una perspectiva ilustrada, que piensa en términos psicológicos modernos. Pueden resultar más invisibles para el autor que los anacronismos de objetos (un personaje del siglo XVII usando un reloj de pulsera), pero los lectores formados los detectan y destrozan la credibilidad de la novela.
El punto de equilibrio
La investigación tiene que ser suficiente para que el escritor pueda inventar con seguridad. No para reproducirla, sino para que cuando invente detalles que no ha podido verificar, esos detalles sean coherentes con la época. El test es: ¿podría haber sucedido esto? No: ¿sucedió esto exactamente así.
Una estrategia útil: investiga el doble de lo que necesitas. Luego usa solo lo que sirve a la historia. El resto ha hecho su trabajo: ha saturado tu imaginación de la época, y eso se filtra en el texto de formas que no son evidentes pero sí palpables.
Cómo documentarse para una novela histórica
La investigación de una novela histórica tiene capas. Cada capa tiene fuentes distintas y objetivos distintos.
La historia general del período
El primer nivel es entender el período en su conjunto: las estructuras políticas, las guerras, los cambios sociales, la economía, la religión. Para esto sirven los libros de historia académica y los manuales de divulgación histórica seria. No leas solo sobre los grandes eventos: lee sobre la vida cotidiana, las estructuras sociales, la alimentación, la medicina, las creencias populares.
Las fuentes primarias
Las crónicas, cartas, diarios, documentos notariales y textos literarios de la época son insustituibles para capturar el lenguaje, las preocupaciones y la mentalidad de las personas que vivieron en ese tiempo. No tienen que ser fuentes que cites en el texto: son materiales de inmersión. Leer el Cantar de Mío Cid, las cartas de Santa Teresa o los diarios de campaña de los tercios te da algo que ningún libro de historia puede darte: la textura mental de la época.
Los detalles materiales
¿Cómo era una cocina del siglo XV? ¿Cómo se vestía un artesano en la Florencia del Renacimiento? ¿Qué olía en las calles de Madrid en el siglo XVII? Los detalles materiales son los que hacen que el lector sienta que está ahí. Para esto sirven los estudios de historia material, los inventarios notariales, los textos de arqueología y los museos.
Una advertencia: los museos son imprescindibles pero también engañosos. Los objetos de museo están limpios, bien iluminados, sin contexto de uso. La realidad histórica era sucia, olorosa, ruidosa. El trabajo del escritor es restituir esa dimensión sensorial que el museo elimina.
Los expertos
Para períodos o temas muy especializados, contactar directamente con historiadores académicos puede resolver en una conversación dudas que semanas de lectura no resuelven. Muchos historiadores responden con generosidad a escritores que se interesan genuinamente por su campo. No tengas miedo de escribirles.
El lenguaje: uno de los problemas más difíciles
¿Cómo hablan los personajes de una novela histórica? Es una de las decisiones más importantes y más difíciles del género. Las opciones son básicamente tres, y cada una tiene sus consecuencias.
Lengua de época
Usar el lenguaje real del período —arcaísmos, sintaxis antigua, vocabulario desaparecido— crea autenticidad pero plantea un problema grave de accesibilidad. Una novela ambientada en el siglo XVI con diálogos en castellano del siglo XVI es inaccesible para la mayoría de los lectores modernos. Esta opción solo funciona en dosis muy controladas y para períodos relativamente cercanos.
Lengua contemporánea transparente
La mayoría de novelas históricas exitosas usan un lenguaje contemporáneo que intenta ser "neutro" en el tiempo: sin modismos modernos evidentes, sin slang actual, sin referencias culturales que sitúen el texto en el presente, pero tampoco con arcaísmos forzados. El objetivo es un lenguaje que no chirríe en ninguna dirección. Es la opción más difícil de ejecutar bien porque requiere una disciplina constante.
Un registro estilizado propio
Algunos escritores construyen un registro de época propio: no el lenguaje real del período, pero sí un lenguaje con ritmo, vocabulario y sintaxis que evocan la época sin reproducirla. Arturo Pérez-Reverte hace esto con maestría: sus personajes del siglo XVII no hablan como personas del siglo XVII, pero hablan de una manera que nos hace creer que sí.
Personajes históricos reales: qué puedes y qué no puedes hacer
Incluir personajes históricos reales en una novela es uno de los recursos más poderosos del género y también uno de los más arriesgados. El lector ya tiene una imagen —a veces muy precisa— del personaje real, y cualquier traición a esa imagen genera resistencia.
Lo que puedes hacer
Puedes mostrar a un personaje histórico tal como lo describen las fuentes: su apariencia física documentada, sus opiniones registradas, sus maneras de actuar conocidas. Puedes imaginar lo que piensan en momentos de los que no hay registro, siempre que esos pensamientos sean coherentes con lo que sabemos del personaje. Puedes hacerlos interactuar con personajes ficticios de forma verosímil.
Lo que debes evitar
Contradecir sin justificación lo que las fuentes históricas dicen sobre un personaje. Atribuirles crímenes o conductas infamantes que no están documentados. Hacerlos decir cosas que traicionan completamente su mentalidad documentada. Cuando te tomas libertades significativas con personajes históricos, la nota del autor al final del libro es el instrumento correcto: explicar qué es fiel a las fuentes y qué es invención.
La estructura narrativa de la novela histórica
La novela histórica tiene sus propios desafíos estructurales. Algunos son compartidos con la novela en general; otros son específicos del género.
El problema del inicio
Muchas novelas históricas comienzan con demasiado contexto: páginas de situación histórica, genealogías, mapas mentales que el escritor necesita pero el lector todavía no. El lector de novela quiere entrar en una historia, no en una clase de historia. La solución es la misma que en cualquier novela: empezar con acción o conflicto, e ir introduciendo el contexto histórico de forma orgánica a medida que la narración lo requiere.
El ritmo y la información histórica
El mayor enemigo del ritmo en la novela histórica es el bloque informativo: ese párrafo que detiene la narración para explicar el contexto. La técnica más eficaz es integrar la información histórica en el movimiento de los personajes. No: "En aquella época, la Inquisición tenía poderes para..." Sino: el personaje camina por la ciudad, ve el edificio del tribunal, recuerda o siente algo que muestra esos poderes en acción.
La duración temporal
Las novelas históricas suelen abarcar períodos largos —años, décadas, a veces generaciones— porque los procesos históricos que les dan sentido ocurren en el largo plazo. Esto plantea el problema de cómo manejar el tiempo sin perder al lector. La solución habitual es combinar escenas dramatizadas (tiempo real, el lector vive los momentos clave) con pasajes de resumen (tiempo comprimido, para cubrir los períodos de menos densidad dramática).
Las licencias históricas: cuándo y cómo tomarlas
La novela histórica es ficción, no historiografía. El escritor tiene derecho a tomar licencias: comprimir cronologías, inventar personajes secundarios, imaginar conversaciones, dar versiones alternativas de hechos oscuros o disputados. Lo que no tiene derecho a hacer es contradecir los hechos históricamente establecidos sin avisar al lector.
La convención aceptada en el género es la nota del autor: un texto breve al principio o al final del libro que explica qué es fiel a la historia y qué es invención. Esta nota no es una disculpa ni una debilidad: es un pacto honesto con el lector que distingue tu novela de la divulgación histórica.
Autores como Ken Follett, Hilary Mantel o Almudena Grandes incluyen siempre notas del autor en sus novelas históricas. No les resta credibilidad: al contrario, demuestra que conocen la diferencia entre lo documentado y lo inventado, lo que paradójicamente refuerza la confianza del lector en lo que la novela afirma.
Períodos históricos con buen potencial para novela en España
El mercado editorial español tiene preferencias históricas claras. Estos son los períodos que tienen más tracción entre los lectores y editores españoles:
| Período | Potencial comercial | Nivel de saturación |
|---|---|---|
| Al-Ándalus y Reconquista | Alto | Medio-alto |
| Siglo de Oro español | Alto | Medio |
| Inquisición | Alto | Alto |
| Guerra de Independencia (1808–1814) | Medio | Bajo |
| Guerra Civil española (1936–1939) | Muy alto | Muy alto |
| Segunda Guerra Mundial (perspectiva española) | Alto | Medio |
| Transición democrática | Medio-alto | Bajo |
| Conquista de América | Medio | Bajo-medio |
La conclusión práctica: los períodos con mayor potencial comercial también son los más saturados. Si vas a ambientar tu novela en la Guerra Civil o en la Inquisición, necesitas una propuesta muy diferenciada de lo que ya existe. Un período menos explorado —la Guerra de Independencia, la Transición, la España de finales del XIX— puede tener menos competencia y más facilidad para destacar.
Los concursos literarios de novela histórica en España
Existen varios premios específicos para novela histórica en España que pueden ser una vía de publicación interesante. El Premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, el Premio Internacional de Novela Histórica de Úbeda y el Premio Hislibris son algunos de los más conocidos. En letrasespanolas.org mantenemos un directorio actualizado de concursos literarios donde puedes filtrar por género y encontrar premios específicos para novela histórica.
Si quieres profundizar en el proceso de publicación de tu novela histórica, consulta nuestra guía sobre cómo publicar tu primera novela en España y la lista de editoriales que aceptan manuscritos sin agente, donde encontrarás sellos especializados en géneros de imaginación e historia.